Sábado 13 septiembre 2008 @ 12:25 pm - Seguinos en Twitter
Era una noche invernal a principios del siglo XVIII en que los habitantes de San Petersburgo apenas pudieron dormir… La ciudad crujía y se oían extraños ruidos en las oscuras calles pero, sobre todo, hacía frío… mucho frío.
Ya se habían roto muchos termómetros por el frío insesante. A la mañana siguiente, los habitantes se dirigieron tiritando de frío a la Catedral para pedirle a Dios que los protegier.
Cuando las puertas de la Catedral de San Pedro y San Pablo se abrieron, observaron un hecho insólito: El inmenso Organo que se ubicaba el altar se encontraba totalmente destruido y los tubos que lo formaban estaban dispersos por el suelo.
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No era el diablo, sólo fue una noche muy fría
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