La razón y la ciencia no lograron que controlemos totalmente nuestras vidas. La muerte y lo inmanejable siguen siendo temores para los que no hay respuesta, que se suman a una nueva lista de inseguridades. ¿Cuáles son?
El sociólogo polaco Zygmunt Bauman, en su flamante ensayo “Miedo líquido”, realiza un inventario de algunos de los temores contemporáneos -la muerte, lo inmanejable, los terrores asociados a la globalización- que definen el curso actual de las sociedades.
Hasta ahora se creía que la modernidad iba a ser aquel período de la historia humana en el que, por fin, quedarían atrás los temores que atenazaban la vida social del pasado y los seres humanos podríamos controlar nuestras vidas y dominar las imprevisibles fuerzas de los mundos social y natural.
“La modernidad comienza con la idea de que si ponés el comportamiento humano bajo control racional, eliminás el desastre
Luego, se cree que con la ciencia también se pueden controlar los desastres naturales. Lo que ha sucedido es lo contrario: los desastres humanos se han acabado pareciendo a los naturales”, sostiene por el contrario Bauman.
El sociólogo advierte que en los albores del siglo XXI volvemos a vivir una época de miedo: en la actualidad experimentamos una ansiedad constante por los peligros que pueden azotarnos sin previo aviso y en cualquier momento, desde el temor a las catástrofes naturales y medioambientales hasta los atentados terroristas indiscriminados.
“Miedo es el término que empleamos para describir la incertidumbre que caracteriza nuestra era moderna líquida, nuestra ignorancia sobre la amenaza concreta que se cierne sobre nosotros y nuestra incapacidad para determinar qué podemos hacer (y qué no) para contrarrestarla”, sostiene Bauman.
El sociólogo -uno de los pensadores sociales más influyentes de la actualidad- presenta un inventario exhaustivo de los temores de la modernidad líquida y explica cómo podemos desactivarlos o hacer que se vuelvan inofensivos.
En sus últimos ensayos ha examinado las consecuencias de esta nueva sociedad en el campo de batalla actual por excelencia: la ciudad, con el miedo al ejército de vidas desperdiciadas que se va formando, desde emigrantes hasta parados de eterna duración, con urbanizaciones cerradas que son un reflejo de los guetos de las urbes.
El autor de “Amor líquido” y “Vida líquida” ha ido estableciendo las coordenadas del debilitamiento del vínculo social en las sociedades posmodernas, una crítica fuertemente emparentada con la obra de otros autores como Richard Sennett o Pierre Bourdieu.
Bauman elabora una explicación del miedo posmoderno: “Para la élite global, atizar los miedos de la población local (de cualquier población local de cualquier localidad en la que miembros de esa élite hayan decidido hacer escala) en lugar de mitigarlos tiene muy escasos riesgos”, sostiene en su ensayo.
“De hecho, reconfigurar y reenfocar los miedos nacidos de la inseguridad social global para convertirlos en preocupaciones locales por la seguridad personal parece ser la estrategia más eficaz y, prácticamente, infalible”, prosigue.
Según Bauman, cuando se aplica sistemáticamente, esta estrategia reporta grandes beneficios con pocos riesgos asociados: “Ahora bien, el más importante (y con mucho) de tales beneficios es que impulsa a la asustada población a apartar sus miradas de las causas auténticas de su ansiedad existencial”, analiza
Una de las leyendas urbanas típica en casi todo el mundo, sin duda se trata de la autoestopista fantasma. Se cuenta en infinidad de pueblos o carreteras. Se dice que se aparece de noche una anciana en una curva. En la mayoría de los relatos, los conductores suelen recoger a la persona que hace autostop, y esta les previene que tengan cuidado en una curva peligrosa antes de desaparecer sin dejar rastro. Más tarde el conductor averigua que dicha persona se mató en un accidente en esa curva.
Por ejemplo, un relato dramatizado que acontece en Estados Unidos, viene a contar lo siguiente:
La carretera principal que va de Baltimore a Nueva York al llegar al kilómetro 12 se cruza con una importante autopista. Se trata de un cruce muy peligroso, y en muchas ocasiones se ha hablado de construir un paso subterráneo para evitar accidentes, aunque todavía no se ha hecho nada.
Un sábado por la noche, el doctor Eckersall regresaba a su casa después de asistir a una sala de fiestas country. Al llegar al cruce redujo la velocidad y se sorprendió al ver a una deliciosa jovencita, vestida con un traje largo, de fiesta, haciendo auto-stop.
Frenó de golpe y le hizo una señal para que subiera a la parte trasera de su descapotable. – El asiento de delante está lleno de palos de golf y de paquetes -se disculpó.
Y a continuación le preguntó:
- Pero, ¿qué está haciendo una chica tan joven como tú sola a estas horas de la noche?
- La historia es demasiado larga para contarla ahora -dijo la chica.
Su voz era dulce y a la vez aguda, como el tintinear de los cascabeles de un trineo.
- Por favor, lléveme a casa. Se lo explicaré todo allí. La dirección es North Charles Street, número XXXX. Espero que no esté muy lejos de su camino.
El doctor refunfuñó y puso el coche en marcha. Cuando se estaba acercando a la dirección que le indicó ella, una casa con las contraventanas cerradas, le dijo:
- Ya hemos llegado.
Entonces se giró y vio que el asiento de atrás estaba vacío.
- ¿¡Qué demonios…!? -murmuró para sí el doctor.
La chica no se podía haber caído del coche, ni mucho menos haberse desvanecido.
Llamó repetidas veces al timbre de la casa, confuso como no lo había estado en toda su vida. Después de un largo tiempo de espera, la puerta se abrió y apareció un hombre de pelo gris y aspecto cansado que lo miró fijamente.
- No sé como decirle qué cosa más sorprendente acaba de suceder -empezó a decir el doctor-, una chica joven me dio esta dirección hace un momento. La traje en coche hasta aquí y…
- Sí, sí, lo sé -dijo el hombre con aire de cansancio-, esto mismo ha pasado otras veces, todos los sábados por la noche de este mes. Esa chica, señor, era mi hija. Murió hace dos años en un accidente automovilístico en ese mismo cruce donde usted la encontró…
Hay una serie de pistas y variaciones que nos llevan a deducir que este tipo de relatos sobre autoestopistas fantasmas no sucedieron y que no se tratan más que de leyendas urbanas que la gente cuenta y se van transmitiendo sin ningún tipo de veracidad:
En algunas versiones de la leyenda, la chica se deja en el coche un libro o bufanda.
En otras, la chica desaparece cuando el coche pasa al lado de un cementerio, y el conductor encuentra el abrigo que le dejó a ella, encima de la tumba de una chica que murió de accidente hace algunos años.
Variantes de esta leyenda circulan desde hace siglos, aunque entonces no aparecían coches, sino trenes o caballos.
En otros casos, la autoestopista anuncia alguna profecía antes de desaparecer. En ocasiones, anuncia una primera profecía a corto plazo, que al cumplirse refuerza la segunda, mucho más importante. En Estados Unidos circuló insistentemente durante la Segunda Guerra Mundial el rumor de que la segunda profecía era la muerte de Hitler en 6 meses.
Según algunos especialistas en folklore, ésta es una de las historias más antiguas que circulan por Europa.
En el Nuevo Testamento ya se habla de un etíope que recoge en su carroza a un hombre, el apóstol Filipo, que le bautiza y después también desaparece.
Sin embargo, yo que usted, tendría mucho cuidado cuando circule de noche por una carretera solitaria. Nunca se sabe lo que puede haber ahí fuera…
En el siguiente video se muestra lo que supuestamente es la acción de Poltergeist filmado por las cámaras de seguridad de un Blockbuster (cadena de videoclubs a nivel mundial). no se puede afirmar que el video sea verdadero o tan solo una broma, la reacción del empleado es la más lógica y natural ante un efecto paranormal como el que supuestamente presenciamos, asustándose y abandonando el lugar tras observar como empiezan a caer películas de video sin explicación alguna y cada vez mayor número de ellas simultaneamente.