Sustancias Premonitorias (Gran artículo)

Por Federico Noziglia

En el año 1948, un estudiante de Bioquímica de la Univ. de Boston hizo conocido un artículo que dejó boca abierta a todos los físicos del mundo. Un documento lleno de gráficos y tablas de datos, el desconocido muchacho estaba anunciando el descubrimiento de una sustancia que podía disolverse en agua un instante antes de entrar en contacto con la ella, desafiando cualquier ley de la física y de la tabla periódica.

El autor explica: Las propiedades de la llamada tiotimolina se explicaban por una anomalía en sus enlaces químicos que le daba de la facultad de disolverse (en la proporción de un gramo por mil) en -1,12 segundos, o sea, antes de tocar el agua. Cuatro de los enlaces de su átomo de carbono continuaban en el espacio-tiempo normal, los otros 2 presentaban una singularidad y se proyectaban hacia el pasado y el futuro.

Luego se construyó de un aparato llamado endocronómetro, que podía observar de forma directa el comportamiento de la tiotimolina y hacer predicciones que iban desde hechos sencillos hasta situaciones más complejas.

Primero, emplazando 2 endocronómetros entre sí, el observador podía prever el resultado 2,24 segundos antes de que el agua fuera añadida, y así sucesivamente. De esta forma, una batería formada por unos 77.000 endocronómetros “contendría una muestra final de tiotimolina que se disolvería 24 horas antes de que se vertiese la cantidad inicial de agua”.

Si uno quisiese predecir la lluvia, bastaría observar que la última muestra de tiotimolina se disolvería un día antes de las lluvias. Y este sencillo sistema podría aplicarse a predicciones más difíciles, como una carrera de caballos. “Supongamos que se proponen apostar por un caballo determinado”, explicaba el autor. “24 horas antes de la carrera, se puede decidir firmemente que si el caballo gana al día siguiente, añadirán agua inmediatamente después de recibir la noticia al primer elemento de la batería telecrónica. Y que si no gana, no lo harán”. Después, bastaba observar si la última muestra de tiotimolina en el endocrómetro se disolvía el día anterior para saber si el caballo había ganado la carrera.  Autor Isaac Asimov

Los sentimientos del agua

50 años más tarde, un japonés,  Masaru Emoto hizo millones gracias a su teoría sobre los sentimientos del agua, asegurando que el agua es capaz de sentir las emociones humanas y que reacciona de acuerdo a ellas.

Para su demostración, Emoto fotografía cristales de hielo un instante después de dirigir hacia ellos una palabra, un pensamiento o una música determinada. Si la música o los pensamientos son malos o feos, el agua pierde su simetría y se convierte en algo grotesco. Si uno lo irradia con bondad o palabras bellas, el agua adquiere un estado esplendoroso.

La sorpresa vino cuando Masaru Emoto “logro conseguir transformar irregulares patrones de agua contaminada en bellos cristales hexagonales al someter las muestras a la audición de canciones tradicionales, oraciones religiosas o bien música clásica. O transformar ‘indiferentes’ cristales de agua destilada en hermosos patrones geométricos al susurrarles palabras de agradecimiento, o bien al contrario, obtener horrorosas estructuras al someterlas a frases desagradables”.

Pero por grave que pueda parecer, lo peor son sus afirmaciones respecto a la salud y a sus poderes curativos. Dado que el 70% de nuestro cuerpo es agua, afirma Emoto, hay mucha gente enferma debido a que contienen algua contaminada, y por esa razón vende su agua.

Comparando los 2 trabajos anteriores, queda claro que en materia de sustancias premonitorias conviene siempre comparar antes de comprar. Aunque se mueven en el terreno de la fantasía, la propuesta de Emoto consiguió traspasar la barrera de la ficción para sacar provecho económico del engaño. La diferencia entre el trabajo de Asimov y las artimañas de Emoto es la que hay entre el talento literario y la desfachatez, o para ser más claros: entre la formidable tiotimolina y el timo de la estampita.

Guía para Perplejos

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