La realidad tiene Goteras

reali.JPGA mediados de 1974, los dos mejores escritores de ciencia ficción conocidos hasta la fecha se carteaban a través del océano. ”Los mundos de Philip K. Dick —había escrito Stanislaw Lem en un elogioso artículo— destacan entre la media. El efecto final es siempre el mismo: acaba siendo imposible distinguir entre la realidad y las visiones”.

Separados por tan enorme distancia, Lem elogiaba los “mundos paralelos” descritos por Dick sin saber que había pasado a formar parte de una de sus ficciones. Pocos días antes de uno de aquellos intercambios epistolares, Dick había dirigido una carta al FBI en la que denunciaba que Stanislaw Lem era un agente del KGB y que se encontraba al frente de una conspiración internacional que trataba de sumarle a él y a otros a su siniestra causa.

“Todos ellos sin excepción responden a una cadena de mando liderada por Stanislaw Lem desde Polonia… —decía en la misiva— El propio Lem tiene visos de ser un comité formado por varias personas más que un solo individuo, dada su capacidad para escribir en todo tipo de estilos”.

En el artículo Philip K Dick, un visionario entre charlatanes Lem había calificado la obra del norteamericano como la única salvable en la literatura de EEUU. “En sus historias —escribía— ocurren catástrofes espantosas, pero, mientras otros escritores de ciencia ficción señalan y delimitan sin lugar a dudas la fuente del desastre… el mundo reflejado en las historias de Dick sufre cambios horrendos por motivos que, incluso al final, quedan sin descubrir”.

Como si una de sus novelas se tratara, la terrible catástrofe tantas veces descrita por Dick se estaba fraguando esta vez en su propio cerebro. Después de 30 años jugando con la realidad y atiborrándose de anfetaminas, PKD empezó a ser visitado a diario por entidades extraterrestres envueltas en rayos láser y una curiosa divinidad llamada VALIS (Vast Active Living Intelligence System) capaz de controlar a los humanos mediante sofisticados satélites.

“Tenemos un montón de goteras en nuestra realidad” —había escrito él mismo unos años antes en “Tiempo desarticulado”— “Una gota aquí, un par de gotas en ese rincón. Una mancha de humedad que va formándose en el cielo raso”.

A medida que sus extrañas visiones crecían, la gotera de Dick fue alcanzando una dimensión incontrolable. Pronto llegó al convencimiento de que estaba viviendo una doble vida y que él era en realidad un cristiano llamado Tomás perseguido por los romanos en el siglo I d.C. Asimismo, las cartas de Dick al FBI se multiplicaron, con mensajes en los que alertaba sobre un supuesto complot internacional contra los intereses de EEUU.

“La razón por la que me pongo en contacto con ustedes —decía en una de las cartas— es que me parece que otros escritores de ciencia ficción fueron contactados por miembros de esta organización, obviamente antinorteamericana, y puede que hayan cedido ante las amenazas y declaraciones engañosas que usaron conmigo”.

“La información codificada que Kinchen quería que yo pusiera en mis novelas —decía en otra— tenía que ver con una supuesta nueva cepa de sífilis que se extiende por los Estados Unidos, y que se ha mantenido en secreto por las autoridades; no se puede curar, destruye el cerebro, y sus efectos son lentos”.

A pesar de su insistencia, el FBI no hizo caso a las cartas de Dick y se limitó a responderle con notas de agradecimiento. Afortunadamente, nunca descubrieron que LEM era en realidad varias personas.

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