Defende tu dominio ante gran empresa, sin abogado

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Carlos Reusser Monsálvez*

Una práctica muy insana es la la inscripción de nombres de dominio, por lo que me interesa brindar herramientas a quienes quieren levantar o construir sitios de cualquier tipo cuando aparece alguna gran empresa queriendo adueñarse del mismo nombre. El tema es sencillo: un particular común y corriente inscribe un nombre dominio para alguna actividad de su interés, como hipotéticamente sería lindocristal.es, y de pronto se entera que a una gran empresa (la CCU, por ejemplo, que tiene una cerveza llamada Cristal) le bajo un súbito amor por ese mismo dominio y para obtenerlo actúa representada por algún imponente estudio de abogados.

Y ahí tenemos a nuestro “protagonista” que sólo pidió un nombre de dominio y que de repente ve que se le viene un juicio encima, con abogados de ceño adusto, lenguaje incomprensible y todo. Más encima algunos de estos últimos tienen prácticas reñidas con la ética: no es poco usual que viertan amenazas de cárcel invocando delitos contra la propiedad industrial y el derecho marcario y que en realidad son patrañas para atemorizar, con todo éxito, a las personas ¡e incluso a sindicatos y asociaciones!.

Entonces a nuestro “protagonista” le baja el pánico y abandona sus legítimas pretensiones e intereses. Y ahí, precisamente en ese instante, perdemos todos: la información, productos, servicios, ocio o lo que fuera que pretendía construir ya no serán conocidos por los demás e incluso la frustración se hace presente. Es una ventana que se cierra.

Pero, ¿qué es lo que ha pasado?.

En realidad, la gran empresa no tiene idea de nada, pero le encargo a un estudio de abogados que proteja sus derechos. El estudio de abogados tiene a una persona revisando el sitio del registrador de nombres de dominio y apenas ve algo que se parece remotamente a la denominación de la empresa o los productos y servicios que representa, se anota como segundo solicitante y, en paralelo, va donde su cliente y le cuenta que existe este “grave problema” y que si no quiere verse seriamente perjudicada en sus ventas e imagen comercial debe financiarle las gestiones futuras. Y, lamentablemente, muchas de estas grandes empresas caen en este juego y se ven arrastradas a litigios sobre cuestiones que, la verdad sea dicha, nunca les afectarán.

Pero la verdad es que el éxito de nuestro protagonista, que elevaremos a la categoría de “héroe” si resiste la presión, está asegurado con estas sencillas reglas.

1. Tenga presente que el primer solicitante (o sea, nuestro “héroe”) tiene un derecho preferente por haber inscrito el dominio primero y que, en cualquier caso, NO PAGA los costos del juicio arbitral correspondiente y que, además, puede actuar personalmente en el mismo, esto es, sin necesidad de abogado.

2. Nuestro “héroe” NUNCA debe intentar vender el nombre de dominio, salvo que previamente y por escrito le hagan un ofrecimiento (una trampa usual a la que pueden arrastrarlo será el simular interés en comprar, pedirle telefónicamente al primer solicitante que haga una oferta y luego llevarle la oferta al juez árbitro para acusarle de especulación y mala fe).

3. NUNCA deje sin construir el sitio que está “peleando”, pues el juez-árbitro examina si efectivamente ud. usa el dominio.

Si el juicio efectivamente llega a producirse ¿Sabe que argumentará la empresa?.

Que nuestro “héroe” es vil y malvado y que pretende aprovecharse del bueno nombre, el prestigio y fama que tanto le ha costado formarse y que, además, tiene registros marcarios que la protegen, la amparan y le dan privilegios por sobre toda la humanidad. Usualmente terminan diciendo que todo el mundo, que digo, el universo entero, conoce a dicha empresa o la asocia con la expresión, por ejemplo, “lindocristal”.

¿Y qué debe alegar nuestro “héroe”?.

Que llegó primero y explicará que el uso que hace del sitio es legítimo.

Si además está muy picado, averigüe si su contrincante tiene otros nombres de dominio parecidos al que quiere disputarle y que no utilice, y acúselos entonces de inscripción abusiva de nombres de dominio, una mala práctica conocida internacionalmente como reverse domain hijacking. Vamos, pero esto es una exquisitez, pues lo anterior basta.

Y ya. No hay más trucos. Salvo que el caso sea muy excepcional, o puntual, retendrá el nombre de dominio con mínimas molestias y tendrá el orgullo de haber triunfado sobre un estudio jurídico que maneja un presupuesto superior al de todo su vecindario. Y ese triunfo es el de todos los que leemos cosas, como esta bitácora, por Internet.

Perfil del Autor*

Abogado, por la Universidad de Chile. Máster en Informática y Derecho y Especialista en Derechos Humanos por la Universidad Complutense de Madrid. Experto en Gestión del Conocimiento por la Universidad Carlos III de Madrid. Prof. de la Universidad Central. Presidente del Instituto Chileno de Derecho y Tecnologías.

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